14/1/11

Tal como eres


Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús.
FILIPENSES.2:5

Es peligroso resumir grandes verdades en una declaración, pero voy a intentarlo. Si una oración o dos pudieran captar el deseo de Dios en cuanto a cada uno de nosotros, podría leerse como sigue:
Dios te ama tal como eres, pero no quiere dejarte así. Quiere que seas como Jesús.

Dios te ama tal como eres. Si piensas que su amor por ti sería más fuerte si tu fe lo fuera, estás equivocado. Si piensas que su amor sería más profundo si tus ideas lo fueran, otra vez estarías equivocado. No confundas el amor de Dios con el amor de las personas. El amor de la gente a menudo aumenta con la actuación y decrece con los errores. No es así con el amor de Dios. El te ama ahí donde tú estás.

13/1/11

Pensando en ti


Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.
FILIPENSES .4:6

El cielo no distingue entre el domingo por la mañana y el miércoles por la tarde. Dios anhela hablar con tanta claridad en el centro de trabajo como lo hace en el santuario. Anhela que lo adoremos también cuando nos sentamos en la mesa de comer y no solo cuando vamos a la mesa de la comunión. Puedes pasar días sin pensar en Él, pero no hay un momento en que Él no esté pensando en ti.
Sabiendo esto, entendemos el riguroso objetivo de Pablo:
Llevar «Cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (2 Corintios.10:5)
Podemos comprender por qué nos insta a «Orar sin cesar» (1 Tesalonicenses.5:17)
A ser «Constantes en la oración» (Romanos.12:12)
Y a «Perseverar en la oración» (Colosenses.4:2)

Genuino corazón pastoral


Aconteció que al día siguiente dijo Moisés al pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado, pero yo subiré ahora a donde está Jehová; quizá le aplacaré acerca de vuestro pecado. Entonces volvió Moisés ante Jehová y le dijo: Puesto que este pueblo ha cometido un gran pecado al hacerse dioses de oro, te ruego que perdones ahora su pecado, y si no, bórrame del libro que has escrito.
(Éxodo 32.30–32)
¿Quién de nosotros no hubiera desesperado al andar con este pueblo, tan propenso al mal, tan duro de corazón? A cada vuelta de su peregrinaje caían otra vez en pecado, provocando continuamente a Dios con sus abominaciones.

Como pastores sabemos bien lo que es luchar con un pueblo que no responde. Hemos tratado por años con personas que vuelven una y otra vez, como el perro a su vómito, al mismo comportamiento pecaminoso. Hemos dedicado horas de consejería y asesoramiento pastoral a otros que, sin embargo, vuelven a caer ni bien los soltamos por un momento. Hemos invertido mucho tiempo y esfuerzo en líderes que nos defraudan. Muchas veces lo único que vemos es lo reiterativo de los patrones pecaminosos que nos atan y derrotan.
Moisés reprendió duramente al pueblo por la magnitud de su pecado. Habían ofendido profundamente la santidad de Dios, y su rebeldía había encendido la ira de Jehová. Lo que habían hecho era inadmisible desde todo punto de vista. El profeta no dudó en explicar la gravedad de la situación a los israelitas. Se ofreció, a pesar de esto, a subir a la presencia de Dios para hablar con él acerca de la situación, aunque se mostró escéptico en cuanto al éxito de dicha empresa.
Note, sin embargo, cuán diferente es el tono de la conversación de Moisés con el Señor. Sin minimizar en forma alguna la enormidad del pecado, Moisés le pidió a Jehová que perdonara el pecado de los israelitas. No dudó en hacerle saber al Señor que él estaba plenamente identificado con el pueblo. Si les correspondía castigo, él no quería ser dejado de lado. En esencia, le estaba diciendo a Dios: «Castígalos si es necesario, pero quiero que sepas que yo me hago uno con ellos».
Qué maravillosa ilustración de ese misterioso vínculo que nos une con el pueblo.
Esta es la esencia del corazón pastoral. El pueblo muchas veces nos cansa. Nos sentimos desanimados. Juntamente con el apóstol Pablo testificamos que «Se añade cada día: La preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar y yo no me indigno?» (2 Corintios. 11:28–29). A veces queremos abandonar la tarea de pastorear, pero Dios ha puesto en nosotros un amor que no nos deja tranquilos. Son nuestro pueblo, en las buenas y en las malas. Sus victorias son nuestras victorias. Sus derrotas son también nuestras derrotas. ¡Esta es nuestra bendita carga!

Oración:
Tome un momento ahora para darle gracias a Dios por el pueblo en medio del cual le ha puesto para pastorear. Pídale al gran Pastor que reavive una vez más en usted su pasión por estas vidas. Clame para que le dé el mismo espíritu tierno y bondadoso que él tiene para con nosotros. ¡Bendiga a los suyos, a pesar de lo que son, pues para esto ha sido llamado!

9/12/10

¿Cómo hacer lo bueno?


Deuteronomio.10:12-13

Acérquense, señoras y señores, y vean este magnífico frasco de píldoras. Sólo una por día y sabrán ustedes automática y exactamente la diferencia entre lo bueno y lo malo. Así es: Una píldora por día y nunca volverán a tomar una decisión desacertada. ¿Quién será el primero en pagar 100 pesos para llevarse un frasco de estas píldoras milagrosas?
¿Nos sería difícil desprendernos de 100 pesos para asegurarnos de que tomaríamos las decisiones correctas en cada opción que la vida nos depara? No lo creo. Cada vez que no sabes si algo es bueno o malo, te tomas una píldora y listo.
En fin, no existe una píldora milagrosa como esa. Pero hay algunas preguntas que te puedes hacer que te ayudarán a tomar las decisiones acertadas:
La prueba personal: ¿Hacer esto me acercará más a Jesús?
La prueba práctica: ¿Hacer esto dará buenos resultados?
La prueba social: ¿Hacer esto ayudará a otros a parecerse más a Jesús?
La prueba universal: ¿Cómo sería el mundo si todos hicieran esto?
La prueba bíblica: ¿Lo cataloga la Biblia claramente como algo malo?
La prueba de la mayordomía: ¿Es un desperdicio de los talentos que Dios me dio?
La prueba misionera: ¿Hacer esto ayudará a que otros vean a Cristo en mí?
La prueba del carácter: ¿Hacer esto va a fortalecer mi carácter?
La prueba de la publicidad: ¿Me gustaría que mis amigos supieran que hice esto?
La prueba del sentido común: ¿Tiene sentido hacer esto?
La prueba familiar: ¿Hará quedar mal a mi familia?
Dios te puso aquí en el planeta Tierra y te soltó para que vivieras la vida en su más alto nivel. Por eso es que prohibió ciertas cosas. Sabe que no todo es bueno para ti. Sabe que hay aspectos de tu vida en que fallas y te perjudicas, y no le gusta la idea de tener que juntar los pedacitos cuando destrozaste tu vida.
Por eso, cuando tengas que tomar decisiones deja que Dios te guíe ayudándote a escoger lo que es correcto. No es que él no quiera que te diviertas. Dios quiere que te diviertas muchísimo, pero no que tengas que lamentarte ni siquiera un poquito. ¡Los límites que establece para tu vida son para protegerte!

3/12/10

La cura de la desilusión


En cuanto a Dios, perfecto es su camino (Salmos. 18:30)

Cuando Dios no hace lo que queremos, no resulta fácil. Nunca lo ha sido. Nunca lo será. Pero la fe es la convicción de que Dios sabe más que nosotros acerca de esta vida y nos llevará a través de ella.
Recuerda, la desilusión se cura con expectativas renovadas.
Me gusta el relato del hombre que fue a la tienda de mascotas en busca de una cotorra que cantara. Parece que era soltero y que su casa era demasiado silenciosa. El tendero tenía precisamente el pájaro que él necesitaba, de modo que lo compró.
Al siguiente día, cuando el hombre regresó del trabajo, se encontró con una casa llena de música. Fue hasta la jaula para dar de comer al pájaro y notó, por primera vez, que la cotorra tenía solamente una pata.
Se sintió defraudado porque le vendieron un pájaro cojo, de modo que llamó por teléfono al tendero para quejarse.
« ¿Qué es lo que usted quiere», le preguntó este, «Un pájaro que cante o un pájaro que baile?»
Buena pregunta para los momentos de desilusión.
Él todavía remueve Piedras

1/12/10

El círculo de los ganadores


EL CÍRCULO DE LOS GANADORES

Aunque no sabemos mucho de la vida venidera, una cosa es cierta. El día que Cristo venga será un día de recompensa. Muchos que fueron desconocidos en la tierra serán bien conocidos en el cielo. Los que nunca oyeron los vítores de los hombres oirán los vítores de los ángeles.
Los que no recibieron las bendiciones de un padre oirán las bendiciones de su Padre celestial.
El pequeño será grande. El olvidado será recordado. Al incógnito se le coronará y al fiel se le honrará.
El círculo de los vencedores no está reservado para un puñado de la elite, sino para un cielo lleno de hijos de Dios que «recibirán la corona de la vida que Dios ha prometido a los que le aman» (Santiago.1:12)
Cuando Cristo Venga

Borrar con el codo


Borrar con el codo
(Romanos.2:21–22)
La trayectoria del líder lo va a llevar, siempre, a situaciones de dolor y angustia, situaciones que hubiera preferido evitar. Estas pueden incluir experiencias tan amargas como la oposición, el abandono o la traición; todas estas experiencias fueron parte de la vida de Aquel que fue delante de nosotros para indicarnos el camino a seguir. El líder maduro es aquella persona que ha llegado al punto en que entiende que esta realidad ha sido incluida en su llamado y la acepta como parte de lo que significa ejercer influencia sobre otros.
Existe una condición, sin embargo, que es más pesada y difícil de llevar para el líder y es la que el apóstol describe en el texto de hoy. Se trata de la angustia que acosa a la persona que habla y enseña verdades a otros y que no practica en su propia vida. Si bien Pablo estaba dirigiéndose a los judíos, esta realidad frecuentemente acompaña a los que tenemos responsabilidad de formar al pueblo de Dios. La descripción que realiza de la falsa confianza que acompaña al judío podría bien aplicarse a los que pastorean al pueblo de Dios (Ro.2:17–20)
Es precisamente este conocimiento más acabado de la Palabra lo que nos lleva a creer que estamos en otra dimensión de la vida espiritual. Confiamos que esa mayor percepción de la verdad de Dios, junto al rol que nos ha dado de ayudar a los que andan en ignorancia, es prácticamente lo mismo que vivir el modo de vida que predicamos a otros. No obstante, nuestras habilidades como comunicadores no pueden apagar el insistente testimonio de nuestro propio espíritu, que nos dice que no estamos situados donde el Señor quiere tenernos: en la práctica de la vida espiritual. El líder que aún conserva sensibilidad a la existencia de esta incongruencia en su propia vida personal, no podrá soportar por mucho tiempo la dicotomía en la que está viviendo.
¿Quiere decir esto que no podemos hablar ni enseñar de temas acerca de los cuales no tenemos experiencia? ¡De ningún modo! ¡No hace falta divorciarse para poder hablar con autoridad del divorcio! Pero sí debemos saber que nuestra autoridad tiene una relación directa con nuestro compromiso de vivir lo que enseñamos a otros. Usted logrará más respuesta por el respaldo que su vida le da al mensaje que predica, que por la elocuencia de sus palabras o lo elaborado de sus apuntes.